Nobody expects the Spanish Revolution

Creo que tengo el deber de añadir una reflexión (o un punto de vista, mejor dicho) sobre lo que lleva pasando en España en las últimas semanas.

Estoy segura de que muchos de mis colegas aquí harían un retrato mucho más agudo y certero de lo que pasa en mi país, pero me siento obligada a compartir lo que me hace sentir como ciudadana española.

Obviamente el hecho de vivir tan lejos tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como diría Gila sobre las guerras. Entre las ventajas, que una puede despotricar y maldecir y enfurecerse con más derecho que nadie cuando es la única española en la conversación, igual que realzar una idea de gobierno que queda muy bonita (sobre todo cuando se trata de temas como el sistema de salud o la educación superior libre y asequible. Todo desde el otro lado del espejo del charco, claro). Entre las desventajas, la sensación de haber dejado de lado a conciudadanos que de forma paulatina y casi a ciegas se han lanzado a la calle en masa por una causa común que no sea el fútbol o la lucha contra el terrorismo. De eso hacía décadas.

No tengo mucho que decir, entre otras cosas porque no creo que tenga derecho. Sólo puedo compartir el orgullo inmenso que siento al ver a la juventud de mi país unida por la lucha contra la corrupción que siempre deja devastado al pueblo. Una corrupción institucional y casi un deporte nacional tras años de gobiernos y gobernantes indecentes.

No saben qué va a pasar ni si va a tener consecuencias, y eso es lo que más me enorgullece. No buscan “instant gratification”. Buscan justicia y una vida digna.

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